Rotterdam es una ciudad situada al suroeste de los Países Bajos, y puerto sobre el río Mosa, cerca de La Haya. Situada a 30 km del mar, tiene una población de 595.000 hab. aproximadamente. El área metropolitana de Rotterdam cuenta con una población de 2,82 millones de habitantes.
Su puerto, Europoort, era el más grande del mundo hasta que lo superó Singapur hace alugnos años, pero sigue siendo el más grande de Europa. En gran parte se debe a su situación estratégica, comunicado con el río Rin, pero también por la importante labor logística que ejercen tanto el mismo estado como muchas empresas Holandesas.
La ciudad alberga el famoso Museo Boymans-van Beuningen (1847) y la Universidad Erasmo de Rotterdam (1973). El jardín zoológico Blijdorp contiene la más bella colección de aves del paraíso del mundo.
Debido a los daños sufridos en la Segunda Guerra Mundial, Róterdam se ha convertido en una ciudad extraña, diferente de aquellas otras ciudades centroeuropeas cuyos centros históricos reflejan el barroco de nuestro siglo, resultante de la aglomeración de todo tipo de bazares, comercios, mercados, oficinas, viviendas, museos, iglesias... un desorden fruto de la convivencia, durante muchos años, de todos estos elementos. En Róterdam, esto no existe: la planificación de las vías, aceras y carriles para bicicletas es perfecta, todo se alcanza rápidamente tanto en coche como a pie o en bicicleta. La ciudad parece haber sido diseñada por ordenador: todo es nuevo. Sin embargo, si algo convierte a Róterdam en ciudad admirada, es, sin duda, la obsesión arquitectónica de la que ha sido objeto. No hay punto en la ciudad desde el que no se pueda lograr un plano fotográfico inquietante. Puentes, escaleras, bancos, farolas, termómetros: en Róterdam, cualquier objeto ha recibido un diseño arquitectónico diferente, atrevido, desafiante... moderno.
La combinación de formas suaves con formas agresivas, de líneas rectas con curvas, y de colores pálidos con brillantes encuentra en Róterdam su mejor hogar.
Puede, sin embargo, Róterdam decepcionar a quien busque en ella a la hermana pequeña de Amsterdam. No solo la historia, las calles, los edificios, sino también el ambiente en la calle, el turista (ausente en Róterdam —hasta el punto de que hay quien, de entre sus habitantes, no habla inglés—) y el día a día no concuerdan con el estereotipo de ciudad holandesa.
Las vistas de la ciudad en la noche merecen, sin duda, la mayor admiración. Pasear por sus calles observando los dibujos formados por las luces de los rascacielos, cruzar los tres grandes puentes de la ciudad portuaria en bicicleta o pararse a respirar el aroma salado de las aguas con más poder comercial de Europa son pequeños placeres de los que no encontrará ninguna referencia en las guías de viajes.